jueves, 30 de septiembre de 2010

rompecabezas

Testigo de las inseguridades de Hilda con el espacio de su apertura a la vida, de su nueva mirada hacia el mar, que ya no molesta al llover, porque ya no se filtra la luz y se escapa del origen cambiante de la gran dama.
Que hace que el tiempo pase más lento para nosotros; ¡y tan rápido para el mundo material!
En mi interior te agradezco que por algún tiempo te hayas puesto ligeramente en mis zapatos.
De flores rosadas frente al mar de mi arena, mi rompeolas, mi escalera.
¡Y cómo olvidar!... De mi fracaso.
Ni siquiera somos dos, y no me gusta la miel, no me basta nada en el eclipse total que me hace querer llorar y tan sólo gritar porque no caen las lágrimas, no tengo, están secas en casa vacía.
Siempre cuento cuando faltan dos líneas para terminar mi borde autoimpuesto de este rompecabezas.

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