martes, 21 de septiembre de 2010

el hada azul

El hada azul comienza su canto habitual con la cabeza calva, sola, caminando en medio de las tumbas de su pueblo.
Son inmortales, pero ellos no han muerto, los han asesinado, han dejado de creer en ellos.
El hada azul presiente que su final también comienza a acercarse y le da melancolía pensar en cuando era joven y debía cargar pequeñas haditas de tantas gentes extrañas, porque los brazos siempre se hacían pocos.
Cuando recibía mensajes y no destellos como ahora, con tantos lamentos subterráneos.
Ahora ya no cae en sus ropajes morados atornasolados, todo olía a madreselva.
Mañana intentará recuperar la armonía del bosque, del aire, de la tierra, tal vez, de esas aguas que ya no son puras, que añoran arena, pero que tienen cerros que nos indican su camino.
Cada vez los amigos se alejan más en venir, en el tiempo, en los números, en la profundidad, en el pensamiento.
Sólo se tiene sabiduría… que no se podrá compartir.
Por eso llora, el hada azul se destruye sin nadie, tampoco David.

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