Pequeñas mensajeras avisoras del silencioso desastre que se aproxima sobre nuestras cabezas, convertidas en ardientes lenguas de fuego que no nos convertirán, en absurdos políglotas.
Mas bien destruirán nuestro viejo entorno devastado para construir un nuevo presente, con los retazos de lo ya tristemente experimentado.
La segunda parte del aviso nos retoma desde el punto de la desolación, pero con mejor resolución, para que los pájaros nos expliquen la verdad de lo ignorado y despreciado, donde no hay tres historias, pero hay cancioncillas para infantes, con acento español.
Se destruyen los falsos cristales de hielo en el bosque fantástico y construido, donde también se esconden las marmotas, de los pequeños pájaros delatores.
Aquellos que nos recuerdan lo de nuestro abandono.
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