Frente a la gente, la madama es valiente, mira con impetuosidad y se enfrenta con coraje a las vicisitudes.
Pero cuando está sola, se esconde tras las plantas, huye de su propia mente, llora con los cuadros mientras toma limonada.
Se sorprende de que las cosas pequeñas parezcan más grandes en medio de la tormenta.
Cuando la nieve cae en medio del bosque, la madama se complace, ella no está en la calle.
Sus vestidos se transparentan entre los gritos de los niños que claman por sus mamitas, porque no quieren aprender a estar solitos.
La madama espera que eso no le suceda a nadie.
Ofuscada en los felinos de su lama ella se encuentra.
Se inicia el proceso inadecuado para todos los seres, sus circundantes, triunfando o siendo denotados los más, para caer lentamente, en el profundo sueño de su existencia enamorada.
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