Apenas hubo cerrado sus ojos, de forma inmediata comenzó a ver los cyborgs abrazados, que la conducían uniformada y condecorada de honores, empezando la fiesta celta de sus sueños. La ley se presentó mientras lo veía todo y dio vuelta su mirada a la ventana para ver su futuro entre las nubes, que le guiñaban los ojos mecánicos en medio del cielo interestelar.
Y después de un brusco cambio la lleva a la ciudad en donde ya no existe la piel, pero tampoco hay lágrimas ni sangre.
Y se dio cuenta que sí importaba de lo que estaba hecha para poder brillar, porque no se podía ser fea, había que ser nueva.
Llena de imanes de ratas blancas y primigenias de todo lo existente en la marcha, con los padres fracasados colgados de sus propios cuellos anémicos.
El más largo viaje que me llevó a despreciar a los debutantes y a querer un poco más al maestro recientemente mencionado con su pipa entre las manos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario