Extrañar hizo que el joven se esclavizara a su locura, y se movía agitadamente tanto hacia adelante, como hacia atrás, y movía su cabecita a la izquierda y a la derecha, y repetía sus pensamientos como si su voz fuera una eterna grabadora.
.Le dolía la vida, de tanto pensar y querer entregar su corazón, pero se le quitaba bailando y tocando su desafinado saxofón.
Se hacía cada vez más católico, buscando esperanza, fe, en lo que fuera, aunque muriera lentamente, lentamente, lentamente, solitariamente.
Iba cambiando la vida del joven, se transformó en lo que extrañaba, en lo que esperaba.
La lluvia le reconfortó su ignorancia visual y casual, pero despertó infinitamente odiada por los colores del tiempo que no le daba recuerdos, que sólo la hacía vagar, pagar el odio profesado que nuevamente le hacía repetir sus pensamientos como si su voz fuera una eterna grabadora.
Le tomó tanto rencor al sol, que deseó su muerte, la muerte, para quien fuera, sin rastros, con silencios, con eternos retornos visuales, con sus sueños de esclavitud
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