viernes, 10 de septiembre de 2010

fue un placer matarte

Cuando te sentías perdido y querías tocarte dentro de un submarino que se hacía tarde (te maté).
Ahora quieres regresar y me dices por qué no me necesitas.
Me despiertan tus repentinos coágulos en la cara, pero los regalos no son para mí, aunque me dediquen las mañanas y guarde tu alma.
Los brazos llenos de sombras y mis ojos dormidos que no llegarán a tu final.
Es lo único precioso de haberte aniquilado, es el hecho, de que me quedaron los dedos cítricos, y que no conozco a los sentados.
Ese es el modo de tu fútil existencia y cuando quiero desgarrar mis cabellos, capturar el tiempo o tener el universo en mi mano, tú me das una bodega minúscula para guardar recuerdos que no tengo, que no me has dejado construir.
Porque no puedo guardar la música ahí.
Sí, sería un error vivir sin música, tiene razón.
Por eso, lo hice y no me arrepiento.

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