En la espera de la eternidad, espero las ocho horas, sobre los ocho montes de mi vida y canto las ocho canciones del silencio.
Cada sorbo agraz del destierro de mi lenguaje, me dice que la hoja se empapó de mi sangre celestina.
La mordida durante el beso de la muerte sobre la arena amarilla de las ocho playas sólo hace levitar a las moscas desamparadas que quedan.
La medianoche es el cumpleaños eterno de la fantasía y de los dioses más complacientes que los tuyos, entre medio están mis autores favoritos y también los desterrados y los aplaudidos.
Ocho veces me arriesgaré contigo inútilmente para ver que aún quedan pedazos del vaso que rompí hace meses, debajo de mi piel.
La estupidez te queda tan bien que es mejor que la que se vaya sea yo.
Que te vaya bien como la niña que desde siempre has sido y que quieres seguir siendo.
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