Tan sólo entre dioses es bueno para ti estar, de tan diferentes dioses.
Enfrentándote noblemente al sadismo del hombre, luchando contra su lujuria y la tuya propia, caíste a la más insospechada barbarie para un sacerdote, con el estoicismo más celebrado soportaste sus escupos en la cara, contemplando su cuerpo eternamente virginal coleccionaste sus lenguas, entre locos tu fuiste uno de ellos, pero pagaste anónimamente el precio de la libertad.
Retrocediste a los tiempos del César, tú, el fénix del lugar más innoble de la tierra, menospreciado por tus labios corruptos, has estado entre estrellas, con tus saludables pretensiones dando problemas a la servidumbre.
Pero fuiste el malévolo y cómodo hijo de la caballerosidad, parricida e incestuoso, amabas la gloria hasta morir bajo el nombre de otro más grande que tú.
Qué papel te veré desempeñar próximamente es un misterio. Tan sólo espero que tu nombre no muera entre el firmamento despreciable.
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