Caminando hacia el centro de este universo diminuto, en medio del carnaval voy llegando a Francia.
Saludo a Amelia con su brazo mutilado, me espanto y regreso, pero sólo fueron mis malvados ojos que me engañaron.
Mientras conversamos oigo la música de los bares y de algunos carruseles para niños y me pregunto qué será malo en los libros.
Para mí malo no existe, tal vez, aburrido, pero lo que es aburrido para mí puede ser divertido para los demás. Es lo malo de la teoría de la relatividad.
Mi libro de biografías aún no se acaba, voy en Carlos Perrault, me quedan varios importantes.
Luego leeré la Biblia, es la novela más estúpida y persuasiva de la historia de la humanidad.
No quisiera convertirme en la autora de un libro así, me gusta la minoría inteligente. La minoría…
Minoría.
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