jueves, 7 de octubre de 2010

la corona

Cuando pierdo la conciencia se me caen todos estos aparejos de reina y me separan de mis súbditos, tan sólo tres copas del licor más fuerte de mis dominios. Pesa tanto esta corona.
La reina aplasta a la mujer sin mayor dificultad, tan sólo algunas noches ella despierta para llorar en los brazos del gran almohadón, la vida no le dio poder para ser eternamente desgraciada.
Su oro no puede comprar el corazón de su pueblo, ni los ojos de sus caballeros que le rinden honores, pero que se suicidarán antes de besarla.
Falta tan poco para al fin poder cortar los brazos del destino.
Ya no quiero seguir esperando, que derrumben mis murallas ya no es algo que me importe.
Tanto que he aprendido para entretener a los amigos que mi mente misericordiosa se inventa, para mí.

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