Aún me desvelo, limpiando las heridas. "No entiendo lo que quise decir ayer".
Mi gotario desinfectante es el techo de mi habitación, destilador de agua celestial pero dolorosa, que arde.
Imposible transformar algo triste en carnaval.
Sus susurros intentan llegar a mis oídos podridos, pero no lo logran, porque no se puede vivir si ya se fue la luz.
Redactando en mi mente el mensaje que le voy a mandar para recordarle que debe ayudarme, a lavar mis heridas.
Mis venas ya se hacen esposas en mis muñecas.
Ambientan mi sueño, tan sólo mi esperanza gutural.
El hacha no pudo cortar mis sufrimientos, no salió airosa, sólo abrió el desierto, la sequía de la vida.
Violentamente me dirijo al cementerio, a esperar viajar por última vez.
Cuando llegué, estaba en el bosque, pero después de las heridas, sólo me queda el desierto.
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