Cuando el corazón se me rompió en dos, la parte más bonita quedó en el suelo, incrustado en la piedra que compone el mundo y que hace que mi alma se endurezca, y ya no lo pude sacar.
Así que me fui a consumir drogas permitidas y de las otras, huyendo de la noche, fría y oscura, con la mitad podrida de mi corazón que hizo que la otra parte decidiera acabar con mi vida, para no verme morir.
Esa parte sabía el camino a casa, y me tuve que perder, y dejé caer a la lluvia, para que apagara mi pelo de fuego encendido con diferentes temperaturas.
Caminando así hacia el imposible de mi vida, voy botando lo que somos.
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