Leyendo entre las sombras del día, me doy cuenta de las cosas circundantes, de la poca paciencia y de esta guerra suave que me envuelve, de lo que tanto me falta, de mi pobreza y mi gran inteligencia, confundida en arrogancia, siendo que no es más que creencia en mí misma, pues nadie más lo hace, ni lo hará.
Mis ansias de poder, mi desprecio a esta normalidad aplastante e infructífera que no me llama para que nos reunamos mañana, por la tarde. Tendré que estar de nuevo sola buscando mis futuros pasos. Espero el llamado para el jueves y la separación para viernes y sábado.
Quizás el lunes me conecte, y el domingo a reordenar mi presente iré. Aunque no hayan dinosaurios ni nadie amándome a gritos, nadie que me haga desaparecer entre las notas de un piano de teclas negras, entre mi barrio infecto de drogadictos, alcohólicos, menopáusicas, decadencia infinita en esta sombra del día.
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