Toda la dependencia del ser, llegado un momento acaba, pero hay que volver al final de los días, por eso gozaré mi libertad, y los plazos son disímiles.
Si hemos esperado, 20 años, ¿qué más dan los cinco que se nos vienen?
Mientras me veo en el lago, ya no está mi cara.
Y las fechas se agolpan bruscamente en mi cabeza.
Después de que explota, los pichones vuelan hacia mí, para disfrutar un poco de mis amoratados sesos que aún vibran y despiden vapor ardiente.
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