La oreja abandonada era azul, con el tímpano arrancado de negro, pero los caballos que pasaron arrancaron de cuajo ese tímpano gangrenado.
Ahora todo es azul.
El tímpano muta su rostro hermafrodita.
De donde sangra por la frente y la garganta.
Y el tímpano erguido entre el fuego denota su antigüedad, en sus zapatos con terraplén.
Cambian los momentos y los ropajes.
Hablo de la decadencia de lo añejo.
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