No sigas a las falsas luces de la ciudad, pues al comenzar el camino te alumbrarán todo y cuando ya estás en la mitad, de pronto, se apaga todo y te quedas ahí, frente a la duda de si es mejor seguir aunque no veas nada o retroceder porque la mitad segura es la de atrás, ya la recorriste y no había nada.
¿Estás segura que adelante hay algo? ¿Y si es bueno?
Quizás haya lámparas, no lo sabes.
¿Cómo es posible estar ahí llena de encrucijadas?
Por todo esto es mejor seguir a las luces de la ciudad, a las reales.
¿Cómo distinguir una de otra?
No hay forma, lo que nos vuelve a demostrar que la existencia está repleta de dudas.
¿Sabes cómo resolverlas?
Revisa tus opciones.
La luz de la ciudad está en la mente.
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