miércoles, 3 de noviembre de 2010

apocalipsis

Los hombres desorbitan sus ojos, alzan los brazos al ya nefasto cielo, clamando, gritando ayuda lunáticos, sus voces femeninas no los asustan, están sumergidos en la desesperación, pretenden avanzar dos veces con el mismo pie, sólo consiguen caer con la boca abierta, lamiendo las piedras embarradas en fuego.
Es el tiempo de la anhelada destrucción masiva, suena la canción de la muerte lenta.
Los ojos entornados presagian la futura explosión.
Lamentos… quejidos… desnudez y residuos.
Drogas: no son poderosas para finalizar la tragedia venidera y tampoco ningún tipo de sustancia.
Las reglas, por más injustas que sean, no pueden borrarse, y así provocan, que ahora, hombres fritos floten en las faldas de la luna ardiente por milenios insospechados.
El infortunio tocó nuestra puerta y tuvimos la mala idea de abrir nuestras moradas.

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