Las dudas de la humanidad se confunden entre mis sombras, porque las trae la brisa de la existencia y me piden que las escriba, para entrar al cielo, porque ellas dicen que es un lugar bello, que brilla, que está lleno de luz. Yo les digo que sí, pero no es cierto, les miento, yo he estado allí. El cielo es algo orillesco, que no se aguanta, donde hay paz, pero no sonrisas. ¡Hay palomas pero no sirenas!
Por eso me devolví a la tierra, para oler flores y no verlas solamente, aunque se me vuele la tierra, se me vuele la piel, al menos estaré con mis amigas gitanas.
Mis sueños seguirán siendo libres, anhelaré la felicidad, ésta sólo se alcanza aquí. Allá se acaban los sueños, se muere bien. No se ve la pequeña inocencia, como te mira, no ves su cara cuando tiene hambre, tampoco suenan sus medallas para espantar demonios cada vez que se mueve.
Mi paraíso es este infierno, no quiero otro.
Pero que las dudas se vayan, es lo que quieren ellas…
Que vayan a pudrir el lugar al que con esto no iré.
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