Mañana llegan los monstruos, a celebrar el santo de mi madre, quizás será por eso, y puede que traigan regalos mientras la luz esté apagada. Después amé al alcohol, a su envase.
Y se me hará menos difícil escribir bien, pero ellos se disfrazan con la música, aunque dijeron lo mismo.
La triza del amor se clavó en el talón.
Tras la cortina esperaremos que se nos pase la vida.
Para que no suframos nunca más, y así me arrancaré de tu miedo nocturno que no me deja ser feliz y me hace transpirar decepción.
Ayer dormíamos y nadie nos preparaba para el aburrimiento constante de la próxima llegada. ¡Que no comiencen con sus peroratas trabajólicas, porque soy capaz de matarme!, ¡soy capaz de repetirme la vida! Destruiré esos pedazos de cuero.
Me iré a otro lugar, quizás a París, a destruir portadas de las revistas con hojas extrañas, para no ver a los monstruos asesinos que llevan mi sangre.
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