Junto al primo oyó ruido fuera de la casa, y pensando que era otro de sus primos fueron a ver. Cuando salían, vieron que, por una de las puertas del jardín, entraba el muerto, rejuvenecido y como en sepia. Los ignoró y entró a la casa. El primo desapareció. La niña entró tras el muerto. Se había sentado en el vestíbulo. Parándose frente a él, comenzó a gritar horrorizada, para que su familia, que estaba al final del pasillo, se acercaran a verlo, pero sólo apareció el mismo muerto, con sus años y color, que salía de su pieza a su encuentro, por el pasillo. La niña corrió al encuentro de su familia, con el muerto tras ella, pero su familia, al verlo, ni se inmutaron. El muerto tomó un pan y comenzó a comerlo.
De pronto, se transformó en un ratón, y seguía con el pan en la boca. El primo apareció y lo aplastó. Desapareció. Pero sólo se había transparentado. El pan seguía flotando. Y se elevaba a la altura del muerto invisible. Pero, el pan, comenzó a atacar a la niña, y se abalanzaba hacia su cara.
Al contarlo, la niña lloró.
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