lunes, 12 de abril de 2010

la leche en la silla

La bestia aprovechó el instante
En que se limpiaban sus fauces
Para, con su garra deforme
Tirar la leche muy lejos
La leche voló por los aires
Manchando la mesa por dentro
Cayendo sobre las sillas
Y empañándolas por completo

Ya no pudo más
Mientras lo nuevo
Que era viejo
Le decía que no se preocupara
También le dijo que fuera feliz
Pero no hizo caso
Se fue a la torre más alta
Y cambió a su armadura

Estaba empapada de leche
De aquella leche agria
Que ensució la silla
Y su armadura hecha amor
Se puso la hecha con sangre
Para recordarse a sí misma
Que debía odiar a la criatura
Que seguía toda quejumbrosa.

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