viernes, 18 de septiembre de 2009

vulgares

Y él, que tanto se alegró porque lo irían a visitar, se tuvo que quedar solo y triste, esperando a valientes, que lo amaran a pesar de todo, y que no temieran embarrar las rueditas lindas del bus.
Y él, que tanto se alegró porque lo irían a visitar, se tuvo que quedar solo y triste, injuriando entre dientes al popularcito comunista, que tiene monumentos nacionales y calles pavimentadas.
Y él, que se alegró tanto porque lo irían a visitar, se tuvo que quedar solo y triste, en su pequeña tumba, mientras sus vulgares recorrían el pueblo entero que aun, después de muerto, tiene el amante del caldillo de congrio.

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